lunes, 21 de septiembre de 2015

¿Cómo puede el VPH afectar mi salud? ¿Cáncer?


El Virus del Papiloma Humano (VPH) se encuentra actualmente en múltiples campañas de salud, asociado al advenimiento de la vacuna para la prevención de su infección en niñas que son la población en riesgo de un inicio sexual precoz y exposición a este agente biológico (tema a discutir en otra entrada posteriormente). Pero que debe conocer la población sobre este virus? Como y quienes lo transmiten? Cuáles son los síntomas o manifestaciones clínicas? Cuál es su severidad? Como se relaciona con el cáncer?.

                El VPH es un virus compuesto de ADN, que se replica en los epitelios (capa celular que recubren los órganos) principalmente de la piel de regiones como vulva, vagina, cuello uterino, pene y glande, periné,  ano y boca, pudiendo alcanzar la vía respiratoria o alimentaria, con 130 tipos actualmente conocidos, de los cuales 30-40 tipos pueden encontrarse en estas localizaciones con más frecuencia, pudiendo ser divididos en bajo riesgo o alto riesgo, de acuerdo a las consecuencias clínicas en sus portadores. Los tipos VPH-6 y VPH-11 son descritos como de bajo riesgo causando verrugas en el área ano-genital y papilomatosis en epitelios respiratorios. Los tipos VPH-16 y VPH-18 están relacionados en un 100% con el cáncer de cuello uterino, 90% con cáncer anal, 50% con cáncer de vulva, vagina y pene, y 12% con cáncer en boca u orofaringe. Otros tipos de alto riesgo son también VPH-31, 33, 35, 45, 52 y 58.

                La infección puede pasar desapercibida ya que el virus puede vivir en la célula sin presentar síntomas, pero el mismo en sus variedades de alto riesgo induce cambios en el ciclo celular de una célula previamente normal, transformándola en una célula neoplásica o cancerígena. La infección es irreversible, no tiene cura y se desarrolló recientemente la vacuna para la prevención de la adquisición del virus, más no para el manejo de personas ya infectadas.

                Entonces, quienes son portadores del virus? En realidad toda persona que haya tenido una relación sexual, ya que hay contacto íntimo de piel y mucosas genitales por ende tiene una alta probabilidad de ser portadora. Conociendo esto, y tomando en cuenta que la mayoría de los portadores no presentan síntoma, la diseminación del virus es incontrolable. Por eso se invita a la población sexualmente activa a acudir por lo menos de forma anual al especialista ginecólogo,  urólogo o proctólogo, para el chequeo o diagnostico precoz de lesiones ano-genitales que pudieran estar relacionadas a estos virus. Se aconseja mantener una práctica sexual segura mediante el uso de preservativo que si bien no evita el contagio puede disminuirlo, estudios refieren que el porcentaje de infección en relaciones con condón es de 37.8%, mientras que en ausencia de este es de 89.3%.


                El chequeo ginecológico anual es indispensable, siendo la población femenina la de mayor riesgo por la alta incidencia de cáncer de cuello uterino, con reportes estadísticos que muestran la aparición de esta neoplasia en mujeres hasta de 22 años, siendo esto de la mano con el inicio sexual temprano, múltiples parejas sexuales, e inasistencia al especialista médico. Por esto la citología de cuello uterino anual, asociada a la tipificación genética del VPH si este estuviera presente en una muestra tomada, es elemental para la salud de la mujer de hoy.


martes, 15 de septiembre de 2015

Cuidados de la piel durante la radioterapia

   El tratamiento radiante tiene como característica ser una terapia oncológica de efecto primordialmente local, que aunque no tiene los efectos secundarios tan notorios o floridos como los tiene la quimioterapia, tampoco está exento de ellos. Quizás los que históricamente han sido más característicos, y que llaman más la atención a los pacientes, amigos y familiares, son los efectos que ocurren en la piel, y no es de extrañar que eso sea así, ya que están a simple vista.
   
   La piel es el órgano más extenso de toda la anatomía, es un órgano que tiene como función principal (aunque no es la única) el servir de barrera contra el medio externo, con esta característica es esencial que tenga gran dinamicidad, para que esté en constante renovación. Cuando la piel es expuesta a un estímulo nocivo (como la radioterapia) se desencadena un efecto que va a conducir a un proceso que culminará con la reparación de ese daño. 




   Cuando se administra la radioterapia, ésta puede ser dada a diferentes esquemas de fraccionamiento (éste tema se desarrollará en una entrada diferente), lo cual tiene por fin el daño de la célula enferma de forma sostenida, muchas veces influyendo incluso en las células sanas, interfiriendo en su proceso natural de reparación; por ello ese efecto constante y aditivo será gradualmente evolutivo si no se toman ciertas medidas al respecto.


    Es por eso que se le dan al pacientes ciertas recomendaciones o directrices que deben seguir durante el tratamiento radiante (o incluso luego de finalizado el mismo), para tratar de minimizar dichos efectos y que sea el proceso lo más tolerable posible, con la menor cantidad de interrupciones.
El paciente no está aislado durante el tratamiento, y no tiene por qué estarlo; además, siendo un tratamiento ambulatorio, y tratando de no sacar de su “zona de confort” al individuo, se le incentiva que permanezca en sus actividades cotidianas tanto como sea posible, teniendo sólo como limitaciones las que su estado general les confiere. Por ello la exposición ambiental es la principal causa de exacerbación de los efectos tópicos de la radioterapia, debido a esto la principal recomendación que al paciente se le realiza es evitar la exposición solar, sobre todo si la zona que está recibiendo tratamiento está expuesta (como por ejemplo la cabeza, el cuello, brazos, etc); indicándose que dichas zonas deben ser cubiertas cuando se encuentre en exteriores, ya sea utilizando sombreros, gorras, bufandas, etc. Se debe limitar la exposición a temperaturas extremas (tanto frío como calor), por lo que actividades como el cocinar, ir a la playa, al parque, utilización de bolsas de hielo, el baño con agua caliente, deben ser evitadas. Así mismo se debe tener en cuenta que para la aplicación del tratamiento en muchos casos se realizan marcas en la piel que sirven de guías para el posicionamiento diario, las mismas deben ser cuidadas de no ser borradas.

    Otro aspecto a tener cuidado en estos casos es la utilización de productos cosméticos o procedimientos relacionados; los productos tópicos (cremas, sprays, etc) pueden potenciar los efectos de la radiación y empeorar las radiodermitis o radio dermatitis (término con el cual se define el daño en la piel producto de las radiaciones ionizantes), por lo que la aplicación debe estar omitida por completo con la excepción de los productos recomendados por su médico en consulta. Procedimientos como el depilado, afeitado, tatuado, extracción de granos, espinillas, exfoliaciones, peeling, aplicación de tintes para el cabello, etc, deben ser de igual forma omitidos, y su realización, si no puede ser diferida, debe ser previamente consultada con su médico tratante.


  Existen numerosos productos que por su acción sobre la piel son recomendados para evitar que se presente su daño durante la radioterapia, minimizando su toxicidad o para formar parte de la terapia que ayude cuando ya está instaurado dicho efecto, dichos productos son de recomendación exclusiva de su médico tratante y debe ser él, quien realice la indicación y explique el modo de aplicación, extensión y duración de la misma.

   Se tiene como reserva médica y a criterio del facultativo el interrumpir el tratamiento radiante, cuando el mismo considere que el paciente lo requiere para que el proceso de recuperación de la piel sea el suficiente y se encuentre óptimo para continuar.


   Es de vital importancia la colaboración del paciente y sus familiares para lograr el objetivo de cumplir con el tratamiento radiante, con la menor cantidad de interrupciones y con los menores efectos secundarios como sea posible para el paciente.