jueves, 7 de mayo de 2026

¿Quienes somos? TuRadiOncólogo: Innovación y Calidad Humana en el Cuidado Oncológico


TuRadiOncólogo: Innovación y Calidad Humana en el Cuidado Oncológico
TuRadiOncólogo es una visión que redefine el estándar tradicional de la relación médico-paciente. Valiéndonos de las herramientas tecnológicas actuales, nuestro propósito es democratizar el acceso a información precisa, pertinente y humana, facilitando el camino a pacientes, familiares y amigos. Buscamos elevar la práctica oncológica a un nivel de difusión "2.0".
Es fundamental destacar que nuestro contenido tiene un fin estrictamente educativo y orientativo; en ningún caso sustituye la consulta médica personalizada. Nuestro objetivo es proporcionar herramientas que fomenten la prevención, mejoren el estilo de vida y resuelvan las dudas que surgen tras un diagnóstico oncológico, aprovechando el acercamiento que permiten los medios digitales actuales para estar siempre al alcance de quienes lo necesitan.
Esta iniciativa está liderada por especialistas con sólida formación internacional:
  • Dra. Yannely Polanco de Briceño: Médica egresada de La Universidad del Zulia (LUZ), especialista en Radioterapia Oncológica y Medicina Nuclear por el Hospital Universitario de Caracas (UCV). Es pionera en el manejo integral del paciente mediante el soporte con cannabis medicinal, avalada por un Diplomado Internacional en Uso Terapéutico de Cannabis Medicinal (2023) bajo lineamientos internacionales.
  • Dr. José Briceño: Médico egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), especialista en Radioterapia Oncológica y Medicina Nuclear (HUC-UCV), con un Fellowship en Técnicas Avanzadas de Radioterapia realizado en el Hospital de Clínicas Caracas.
Ambos profesionales ejercen en la ciudad de Loja, Ecuador, donde ofrecen soluciones avanzadas en el diagnóstico y tratamiento del cáncer mediante Radioterapia Externa y Braquiterapia. Además, mantienen una destacada atención en patologías benignas (trastornos inflamatorios y proliferativos), logrando una excelente respuesta clínica gracias al uso de estos tratamientos de alta tecnología.


       Dra. Yannely Polanco de Briceño
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       Dr. José Briceño
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sábado, 10 de agosto de 2024

Aplicaciones no oncológicas de la radioterapia

A pesar de ser la Radioterapia la especialidad médica probablemente menos conocida, por la falta de familiaridad y los mitos tejidos en torno a ella, al escuchar su nombre es inmediata la asociación a otra palabra: “cáncer”; y esa relación va de la mano con una idea no muy alejada de la realidad, casi la totalidad de los pacientes que reciben radioterapia son pacientes oncológicos, el especialista en tratamiento radiante es denominado Oncólogo Radioterapeuta, y nuestra formación va centrada en la oncología.


Sin embargo la radioterapia tiene aplicaciones en patologías “benignas”, condiciones en las cuales, a pesar de no tratarse de una patología oncológica, puede contribuir a la mejoría del paciente cuando otros tratamiento han fallado en este fin. El mecanismo de acción de nuestro “medicamento” es básicamente el mismo que utilizamos en las enfermedades malignas, pero aprovechamos esas propiedades para la aplicación no oncológica.

Unos de los principios fundamentales de la aplicación de la radioterapia es la justificación de la misma, es decir, siendo un elemento terapéutico no exento de efectos secundarios y/o complicaciones, se debe evaluar el costo/beneficio para el paciente de ser aplicado. Históricamente, desde los primeros trabajos sobre “radiactividad” por los esposos Curie, cuando se comenzó a describir propiedades de ciertos materiales pero no se conocían a fondo sus posibles efectos, se hizo un uso indiscriminado de elementos radiactivos en aplicaciones no médicas, o en aplicaciones médicas en las cuales no se había demostrado su efecto terapéutico. Se llegó a utilizar radio en cremas faciales, en vestimenta, en pasta dental, en agua potable “especial”, en goma de mascar, ¡hasta en supositorios!, todo esto trajo procesos secundarios a los pacientes (y hasta a los propios científicos descubridores) que hicieron dirigir el estudio no sólo a las aplicaciones terapéuticas de dichos elementos, sino a sus posibles efectos secundarios. Sin embargo en ciertos procesos, y dadas las propiedades de la técnica en sí, cuando las alternativas de tratamiento no son lo suficientemente efectivas o son inexistentes, la radioterapia proporciona el alivio requerido al paciente.

Quizás la aplicación no oncológica más común de la radioterapia es en los protocolos de tratamiento de las cicatrices hipertróficas o queloides, trastorno del proceso de cicatrización en el paciente en el cual existe crecimiento del tejido de forma anormal, produciendo cierre de heridas con deformidad de las mismas; teniendo en cuenta todo lo expuesto se le ofrece al paciente la alternativa terapéutica en la cual se planifica la remoción del tejido cicatricial y aplicación de radioterapia, bien sea braquiterapia o radioterapia externa (de preferencia con electrones), dentro de las 4 a 6 horas posteriores al acto quirúrgico, lo cual evita la formación del tejido excedente. La planificación del tratamiento radiante para dicho trastorno, y que se tiene como principio general en cualquier aplicación de radioterapia a enfermedades “benignas”, se basa en que se deben utilizar las técnicas apropiadas para que se irradie el menor tejido sano posible, que se utilicen los campos de tratamiento tan pequeños como se pueda y la dosis fracción y número de sesiones tan bajos como sea efectivo (dosis efectiva).


Sin embargo, a pesar de ser la más común aplicación de radioterapia en enfermedades no oncológicas, las cicatrices queloideas no son las únicas enfermedades en las que se pueden utilizar el beneficio terapéutico de las radiaciones ionizantes. En las enfermedades osteoarticulares se han venido utilizando con buenos resultados anti-inflamatorios desde los inicios de las aplicaciones médicas de la radioterapia, quizás en la actualidad por el advenimiento de nuevas alternativas de tratamiento no sean la primera opción en muchos casos, pero sigue presente como alternativa cuando otros tratamientos fallan. Entre algunas de las enfermedades osteomusculares en las cuales se puede utilizar la radioterapia tenemos la artritis degenerativa (osteoartritis), la bursitis, sinovitis, tendinitis, el espolón calcáneo, el hallux valgus o juanete, la osificación heterotópica, la enfermedad de Dupuytren, la sinovitis villonodular. También es útil en  otras enfermedades con efecto anti-proliferativo (multiplicación celular acelerada), como la de Peyronie, la ginecomastia, el pseudotumor orbitario, la oftalmopatía de Graves, las malformaciones arteriovenosas, la degeneración macular senil, el pterigion, el hemangioma vertebral.

En general se debe evaluar siempre la "justificación" para la aplicación del tratamiento con radioterapia, se debe hacer del conocimiento del paciente todas las alternativas disponibles, las posibles consecuencias a corto, mediano y largo plazo para se tome una decisión consensuada. Por ende, si usted tiene alguno de estos diagnósticos con tratamientos poco efectivos hasta ahora, no dude en consultarnos para ofrecerle nuestra ayuda.



miércoles, 24 de julio de 2024

Siempre podremos acompañarte…


Sin duda una de las especialidades médicas más sensibles es la oncología, el manejo de un diagnostico tan delicado y determinante en la vida tanto de un paciente como de sus familiares, la serie de tratamientos con sus respectivas toxicidades que probablemente lleven un malestar previo a su máxima expresión, y que nadie puede anticipar. El oncólogo en cualquiera de sus ramas (quirúrgica, médica o radioterápica) tiene entonces en sus palabras y sus manos la capacidad de curar algunas veces… decimos esto porque no todos los tumores se caracterizan por ser curables, es decir, por desaparecer cualquier rastro de enfermedad residual microscópica con tratamientos radicales o adyuvantes. En su mayoría las enfermedades malignas partirán de una mutación genética o múltiples, de las células del paciente que darán la tendencia a recurrencias o nuevas presentaciones a posterior de una enfermedad tumoral que fue controlada aparentemente en un primer tratamiento, esto aplica para la mayoría de carcinomas y adenocarcinomas, por lo que a estos pacientes es mas adecuado informarles al final de un protocolo de tratamiento que se ha alcanzado la remisión temporal de la enfermedad, por ende debiéndose mantener la vigilancia oportuna de nuevos síntomas o signos.
 Ante tratamientos múltiples no favorables se decide entonces el control de la clínica dolorosa, u obstructiva en cualquiera de sus presentaciones de vías aéreas, digestivas o urinarias, mantener las funciones fisiológicas (dormir, comer, orinar o evacuar), darle soporte al paciente para su mayor comodidad alrededor de su núcleo familiar, cuidados que llamamos paliativos o cuidados para un paciente cuya sobrevida se acorta a expensas de la progresión de la enfermedad, en donde se inicia la preparación del mismo y su familia para el agotamiento de recursos de soporte que detengan el desenlace inminente del cuadro que es el deceso domiciliario u hospitalario a decisión particular, lo que llamamos cuidados al final de la vida. Ante todas estas circunstancias complejas y sin duda dolorosas para todos los que rodean el individuo enfermo, el oncólogo es, en conjunto con el área de psico-oncología, psiquiatría, cuidados paliativos,  entre otros, quien debe acompañar al núcleo en el momento más álgido de su recorrido. Tender la mano a ese ser que desde el inicio confía su futuro, creándose una empatía o vínculo con él y sus familiares, no puede terminar de otra manera. 
Por ende, podemos curar algunas veces, aliviar frecuentemente, acompañar siempre a nuestro apreciado paciente.
Gracias a todas aquellas personas que confían en nosotros para este camino juntos, esperando siempre dar nuestra mayor calidez como profesionales.

        


miércoles, 10 de julio de 2024

Despistaje para cáncer de próstata


   El cáncer de próstata representa la segunda neoplasia más común en la población masculina; por sus características biológicas, consideraciones especiales son tomadas en base a su detección (al tratarse de uno de los tumores en los cuales se puede realizar despistaje oncológico), siempre teniendo en cuenta que la meta es el hallazgo temprano ya que mejora notablemente el pronóstico del paciente.

    Al tratarse de un órgano ligado a un aspecto tan íntimo como la sexualidad, se ha tejido una suerte de tabú que en muchos casos aleja de una consulta médica temprana a hombres guiados por una concepción errónea de machismo. Ese miedo al “examen rectal” en muchos casos evita que se realicen hallazgos que permitirían una curación del paciente. Para todos aquellos que buscan información, o que guardan ese temor, se aclara, que las indicaciones, patrones y guías para el despistaje del cáncer de próstata han variado en el tiempo; en la actualidad la Asociación Americana de Urología (AUA por sus siglas en inglés) recomienda que debe realizarse un patrón de despistaje diferente para el hombre en relación a varios factores, tales como grupo etario o factores de riesgo que estando presente podrían condicionar cambios en su manejo, tales como la historia familiar de cáncer de próstata y la etnicidad.

     La historia familiar representa en sí un factor de alto riesgo, ya que se ha demostrado que aquellos hombres con antecedentes directos positivos para cáncer de próstata, tienen un riesgo más alto de desarrollar la enfermedad que aquellos en los que dicha historia no está presente. Así mismo, la etnicidad representa un factor adicional, ya que se asocia estadísticamente la presencia de la enfermedad con una prevalencia mayor en aquellos hombres de raza afroamericana, que en los caucásicos, asiáticos, etc.

     La probabilidad de  desarrollo de este tipo de tumores es mayor en los hombres a medida que aumenta su edad, por eso los patrones de despistaje son diferentes por grupos etarios. En hombres menores de 40 años en líneas generales no se recomienda el despistaje, ya que estadísticamente la baja prevalencia de enfermedad clínicamente detectable no justifica su realización. En los hombres entre 40 y 54 años la decisión en base al patrón de despistaje y monitoreo se toma en base a la presencia de factores de riesgo para la enfermedad, y se realiza en una apropiada consulta urológica. Es en los pacientes con edades comprendidas entre 55 y 69 años que se ha establecido el mayor beneficio de realizar despistaje para Ca de próstata.

Cuando un hombre, basado en lo anteriormente expuesto, comienza su control urológico, una pregunta adicional surge ¿cada cuánto tiempo debo asistir a la consulta?; en la evaluación urológica inicial, el especialista hace un estudio de riesgo, en base al cual establecerá el patrón más adecuado e individualizado para el paciente, y no sólo decidirá en base a la periodicidad, sino que herramientas clínicas y/o paraclínicas utilizará durante ese seguimiento (PSA en sangre, PSA3, tacto rectal, ultrasonido, biopsia transrectal, imagenología, etc.). 


    Un apartado especial debe considerarse para aquellos hombres con sintomatología urinaria asociada, como nicturia (despertarse una o más veces durante la noche por la necesidad de orinar), cambios en el patrón del chorro al orinar, pujo al orinar, goteo post miccional, presencia de sangre en la orina o el semen, etc.; síntomas que son motivo de consulta para evaluación urológica y que no son catalogables como pacientes para despistaje, sino para evaluación médica con fin diagnóstico.

                                                     

viernes, 24 de mayo de 2024

¿Control ginecológico? ¿Porque yo?


     
 
  Como mujeres es su responsabilidad cuidar de su salud en el área ginecológica, si bien se asocia la visita al ginecólogo con algún flujo vaginal o el embarazo, este es un paradigma que debe cambiar urgentemente, pues implica que una gran mayoría de mujeres no asisten ya que no mantienen relaciones sexuales con regularidad o porque ya paso su edad fértil, y creen que la anatomía ginecológica culminó su función y no merece mayor atención a posterior. Esta conclusión es un gran error, pues entonces vemos en nuestras consultas neoplasias muy avanzadas por falta de asistencia de la paciente a la exploración anual.


    El cáncer ginecológico puede afectar en orden de frecuencia según estadísticas sanitarias internacionales, al útero o endometrio, en segundo lugar al cérvix o cuello uterino, sigue el ovario, por último y menos frecuente la vulva y la vagina. Todas estas estructuras pueden ser adecuadamente evaluadas mediante un examen físico que incluya tacto y ecografía transvaginal, siendo imprescindible la toma de citología de cuello uterino. Por ende, no se necesita ser sexualmente activas o estar embarazadas para asistir a la consulta de forma pertinente.




     A continuación resaltemos brevemente el perfil de cada una de estas neoplasias, pues pueden cursar con síntomas muy diversos. Indicamos siempre que el objetivo de este texto es meramente informativo y no reemplaza la consulta médica individualizada.

     El cáncer de endometrio, se presenta con mayor frecuencia en mujeres de edad avanzada, posterior a la menopausia o perimenopáusicas, con otros cuadros asociados como obesidad,  hipertensión arterial o diabetes mellitus, que muestran sangrado genital abundante, siendo necesario la toma de una biopsia de tejido endometrial para precisar el diagnostico.

     El cáncer de cuello uterino, el primero en frecuencia en nuestro país, con una asociación al Virus de Papiloma Humano (VPH), en los últimos años ha mostrado disminuir su edad de aparición debido al inicio cada vez más temprano de la actividad sexual en adolescentes sin la adecuada orientación familiar o médica, con esto queremos decir que edades entre 40 y 45 años que eran esperadas anteriormente, ahora vemos estadios avanzados en mujeres jóvenes de 22 a 30 años. Es un problema de salud pública que solo podemos manejar con la educación de la población. El tumor localizado en cuello uterino puede mostrar sangrado genital abundante o al momento de las relaciones sexuales, se puede evidenciar en la exploración vaginal y amerita la toma de biopsia para precisar diagnóstico.  

     El cáncer de ovario por ser un órgano pélvico puede pasar desapercibido por largos periodos de tiempo, suele asociarse a mujeres sin embarazos, que manifiestan dolor pélvico o aumento del volumen abdominal sin otra causa aparente, amerita el uso de imágenes ecográficas o tomográficos para evidenciar la tumoración y el abordaje quirúrgico para precisar diagnóstico.

     El cáncer de vulva, que se refiere a la piel del monte de venus, labios mayores, menores, clítoris y vestíbulo vaginal, es poco frecuente y suele presentarse el mujeres de edad avanzada que presentan lesiones que pueden ser ulceradas o no, con mucha comezón que no mejoran con tratamientos médicos comunes. Amerita biopsia de la lesión local para su diagnóstico.


    En latinoamérica el cáncer de cuello uterino se ubica en frecuencia por encima del cáncer de endometrio, situación que se repite en la mayoría de los países en vías de desarrollo y que trae a colación la reciente inclusión de la vacuna contra en VPH en el esquema de vacunación de muchos países, a lo que haremos referencia en una próxima entrada.



lunes, 20 de mayo de 2024

Voy a recibir Radioterapia, ¿qué debo esperar?...

     El Oncólogo Radioterápico es un médico de referencia, forma parte del equipo multidisciplinario que se encarga del manejo del paciente con patología oncológica, por lo tanto se acude a nosotros cada vez con más frecuencia, al demostrarse el beneficio de la radioterapia ya sea su uso radical, neoadyuvante, adyuvante o paliativo. Pero todo esto le trae a ese individuo, al que ya se sometió a muchos exámenes, tomas de biopsia, cirugía, quimioterapia, una nueva inquietud: “ahora voy a radioterapia….¿qué va a ocurrir conmigo?”.

  Nuestro “proceso” de atención al paciente para radioterapia se inicia con la referencia, en nuestra consulta siempre recalcamos que consta de tres procesos fundamentales: La evaluación por consulta, la simulación guiada por imágenes y el inicio del tratamiento radiante.

      La consulta de radioterapia es una consulta orientada a la oncología, evaluando por supuesto los aspectos relacionados con los antecedentes familiares y personales, un buen interrogatorio como siempre nos han enseñado en la medicina es la base de todo; la evaluación de los factores de riesgo, otras enfermedades con las que cursa la persona, tratamientos que recibió o recibe, los estudios de extensión que le han practicado, etc. Se evalúa el caso por completo, con todo lo antes expuesto, se corrobora un diagnóstico con el cual el paciente ya fue referido, esto incluye tipo de células de constituye el tumor, ubicación, extensión local, regional y sistémica, la evolución de su tamaño en respuesta a tratamientos previos; se establece la indicación de recibir radioterapia y se hace una prescripción de tratamiento. En éste punto le damos al paciente la información pertinente en relción al tratamiento al que será sometido y se establece un consentimiento informado al respecto.

      Alcanzamos entonces el segundo paso, el cual es la simulación; simular consiste en utilizar técnicas de imagen para ubicar el tumor, la zona o región a tratar, con el fin de concentrar la radiación en la zona deseada, cuidando los órganos que se encuentran alrededor, los denominados “órganos a riesgo”. Para esto existen diversas técnicas, que van desde las más sencillas, como son los relieves y marcas anatómicas del propio paciente, pasando por imágenes de radiología simple, donde nos valemos de las referencias óseas para la ubicación, hasta técnicas más complejas como lo son la tomografía computarizada, la resonancia magnética, la tomografía por emisión de positrones, entre otras. Independientemente de la técnica a utilizar el proceso de simulación, en mayor o menos complejidad, tendrá como fin en común el garantizar que el paciente permanezca en la misma posición durante todas las sesiones que componen el tratamiento, tan cómodo como sea posible, para que se garantice que el haz de radiación va a donde queremos que llegue. Para ello utilizamos diversos artefactos a los que denominamos dispositivos de inmovilización, los cuales son construidos con materiales especiales que dispersan y atenúan la radiación lo menos posible, que tienen diversos rangos de movilidad para adaptarse a las diferencias propias de cada paciente, que por supuesto, son diseñados pensando en el área específica que se desea tratar, y que permiten mediante diferentes sistemas de señalización posicionar a diario a la persona de la misma manera; algunos son muy sencillos y pueden ser utilizados en todos los pacientes, otros, diseñados para inmovilizaciones más rigurosas por la complejidad de la zona a tratar, son más “personalizados”, adaptándose al contorno del paciente, por lo tanto siendo intransferibles. Y por eso se llama “simulación”, se busca emular las condiciones en las que el paciente recibirá a diario la sesión de radioterapia, para de esta manera planificar el tratamiento entregando la dosis deseada a la enfermedad y evitando irradiación no deseada de tejidos sanos. Pero no sólo con esto estamos conformes, también tenemos puntos de referencia que colocamos en la superficie del paciente, y que son una proyección de un punto interno del mísmo, que se hace coincidir con un sistema de láser guía que se tiene en la sala de simulación, y que se correlaciona con uno similar ubicado en la sala de tratamiento, por ello al paciente se le realizan “marcas” en piel, con marcadores, adhesivos o incluso pequeños puntos tatuados, que permiten al técnico en radioterapia colocarlo siempre en la misma posición.

      Ya con las imágenes adquiridas en la posición de tratamiento, se planifica el mismo, cuidadosamente para que la distribución de la dosis sea tal que permita considerarse “terapéutica” para la enfermedad, pero por debajo de los límites de tolerancia en los órganos sanos. Superada esta etapa vamos al tercer punto del proceso que es el inicio del tratamiento como tal, éste proceso puede variar en relación a las características propias de cada unidad de tratamiento (acelerador lineal), pero en común consiste en corroborar que las condiciones en las que se realizó la simulación, y con las cuales se planificó el tratamiento radiante sean cumplidas. Se verifica la posición del paciente, se utilizan los mismos dispositivos de inmovilización, se ubica en las referencias de piel colocadas, y se procede a adquirir imágenes que son relacionadas o verificadas con las obtenidas en la simulación, garantizando así que todo está según lo planificado; ya cumplido con esto se imparte la dosis de radiación. Es importante la colaboración del paciente en todo el proceso, para ello se le hace hincapié en cuidar esas marcas realizadas en la piel, se le explica la importancia de permanecer inmóvil durante la simulación y durante el tratamiento en sí, se le indica que mientras recibe el tratamiento permanecerá sólo en una sala, donde será monitorizado mediante un sistema de cámaras, que verá que la máquina de tratamiento se mueve a su alrededor pero que en ningún momento entrará en contacto con él, que la radiación no se ve, ni se siente, que no le provocará ningún dolor o malestar durante ese tiempo que permanezca allí; que la dosis de radiación se fracciona, por lo tanto se da de a poco, por un determinado número de días, y que es importante la continuidad del tratamiento en el éxito del mismo. 

      Todo este sistema tan aparentemente complicado tiene por finalidad que se obtenga el mayor beneficio del tratamiento aplicado, con los menores efectos secundarios posibles; el paciente debe atender a todas las recomendaciones dadas por su médico antes, durante y después de la radioterapia, para que el beneficio obtenido sea el deseado.


sábado, 18 de mayo de 2024

¿Qué es la pesquisa oncológica y por qué la necesito?



      En el campo de la oncología donde el período entre el diagnóstico y el tratamiento es invaluable por su impacto en el tiempo de sobrevida del paciente, como especialistas insistimos en la asistencia a consulta ante síntomas sospechosos recurrentes o en aquellas entidades donde se ha demostrado éxito mediante el despistaje o pesquisa, estos términos están relacionados con hallazgos de lesiones malignas o pre-malignas en poblaciones aparentemente sanas, resultando en tratamientos precoces con altas tasas de curación o sobrevida global/libre de enfermedad.

      Por ende, la consulta de despistaje pasa a ser una información de alta importancia a ser difundida para el paciente y entre los mismos a sus familiares, amigos, etc. Los entes gubernamentales deben ser responsables en el uso de campañas a nivel de todos los estratos sociales para un mayor alcance que se traduzca en disminución de las tasas de morbi-mortalidad en la esfera oncológica.

      Actualmente la consulta de despistaje beneficia en el diagnóstico de neoplasias agresivas como lo es el cáncer de mama, constituyendo el uso de la mamografía anual; la citología de cuello uterino con su respectiva tipificación para Virus de Papiloma Humano (VPH) anual en relación al cáncer de esta misma localización; tacto rectal y PSA (Antígeno prostático específico) para Cáncer de próstata; uso de la colonoscopia y exámenes en heces para cáncer de colon y recto, siendo estos algunos de los procedimientos más estandarizados. Sin embargo, la historia clínica individual y familiar así como estilos de vida de cada paciente puede orientar a su médico a otros procedimientos de despistaje como por ejemplo, el uso de la tomografía helicoidal o espiral de baja dosis en tórax de pacientes fumadores activos o pasivos; revisión de lesiones de piel sospechosas en pacientes con historia de exposición prolongada al sol; seguimiento en pacientes con diagnósticos de lesiones pre-malignas como Esófago de Barret, Poliposis familiar colónica,  Neoplasias Intraepiteliales como de Cuello uterino, Vagina, Nevus displásicos a nivel de piel, entre otros.

       Es de suma importancia entonces educar a la población para que adquieran una mayor responsabilidad en relación a su salud, acudir al especialista más adecuado ante síntomas recurrentes de cualquier índole o asistir a los despistajes estandarizados por entes internacionales, con la toma de biopsia oportuna por parte del galeno nos proporciona diagnósticos a tiempo para ofrecer las mejores herramientas terapéuticas.







miércoles, 2 de junio de 2021

¿Como afecta la infección por SARS-CoV-2 mi tratamiento oncológico?

 


Desde finales de 2.019 tanto pacientes oncológicos como familiares escuchan con temor sobre la infección por coronavirus SARS-CoV-2, iniciando en una provincia de China con rápida dispersión por múltiples países. En febrero 2.020 la OMS le denomina a este cuadro respiratorio COVID-19, y en marzo 2.020 es caracterizado como pandemia.

El impacto mundial en vida diaria y atención médica han afectado protocolos oncológicos, provocando retrasos o interrupciones que pueden resultar en la disminución de la efectividad y por ende, progresión de enfermedad inherente a la malignidad de estas enfermedades, a lo que se agrega la susceptibilidad por inmunosupresión del paciente con cáncer per sé a esta nueva infección respiratoria. Con una difícil decisión médica de posponer o no un procedimiento diagnóstico, o de tratamiento ante la abrumadora dispersión de la infección viral.

No se ha puntualizado la incidencia de COVID-19 en pacientes con cáncer, permaneciendo en porcentajes bajos de 1-4% en aquellos recibiendo tratamiento, identificándose a las neoplasias hematológicas y cáncer de pulmón como más susceptibles, entre estos, aquellos con enfermedad en estadios avanzados.  El cuadro sintomático suele ser similar al ya conocido hasta ahora con fiebre, tos seca, disnea, escalofríos, dolor muscular, dolor de cabeza, irritación en la garganta, pérdida del apetito o percepción de olores.

¿Quiénes necesitan una prueba de hisopado?

*Pacientes sintomáticos respiratorios.

*Pacientes asintomáticos previos a iniciar terapias inmunosupresoras como quimioterapia, trasplantes, inmunoterapia, altas dosis de esteroides.

*Pacientes asintomáticos previos a un procedimiento electivo diagnóstico o terapéutico.

¿Puedo o no iniciar tratamiento de Radioterapia si presento una prueba positiva SARS-CoV-2?

Según lineamientos internacionales un paciente positivo próximo a iniciar o en tratamiento de radioterapia requiere una revisión de la indicación, dosis acumulada de radiación, así como riesgos y beneficios. Al ser el departamento de Radioterapia un lugar de uso de múltiples usuarios, así como personal técnico, médico, físico y de enfermería es un lugar de alto riesgo de diseminación, por lo que el cancelar o posponer el tratamiento radiante puede ser la mejor opción, de ser posible el tratante oncólogo radioterapeuta ofrecerá un reajuste de las dosis pendientes por cumplir.

¿Cuándo puedo integrarme de nuevo a mi tratamiento de Radioterapia?

Sobre este tema no hay estándares aún, ya que existen casos de reinfección y secuelas descritas que pueden afectar de manera distinta a cada paciente por un período de tiempo también desconocido.

Sobre pacientes asintomáticos no inmunocomprometidos lineamientos internacionales indican esperar al menos 05 días de la prueba positiva inicial, 20 días si es inmunocomprometido. Se prefiere para mayor seguridad realizar una nueva prueba, obteniendo resultado negativo.

¿Qué hago si luego de mi recuperación mi prueba sigue siendo positiva?

Se han descrito pacientes quienes luego de 14 días de aislamiento y completa recuperación de síntomas persisten con pruebas positivas, con la preocupación para el equipo de salud de que persistan en fase de alto riesgo de contagio. Sin embargo, esto no significa prolongación del potencial de transmisión, por lo que protocolos diagnósticos y terapéuticos no deben ser retrasados.

Una opción es la evaluación con identificación de anticuerpos SARS-CoV-2, para separar los pacientes con exposición previa y posible inmunidad.

En todo caso recordar que para todo procedimiento se mantiene como premisa el distanciamiento social y limitación de contacto para la protección tanto de pacientes como personal de salud dentro de los departamentos.

Sin nada estandarizado, la principal recomendación es consultar con su oncólogo tratante.