¿Qué pasa cuando te remiten a Radioterapia? Conoce el proceso paso a paso
El Radio-Oncólogo es un médico de referencia clave en el equipo multidisciplinario que maneja al paciente con cáncer. Cada vez se acude más a nosotros gracias a los demostrados beneficios de la radioterapia, ya sea en su uso radical, neoadyuvante, adyuvante o paliativo, así como en enfermedades benignas.
Sin embargo, para el paciente —que ya ha pasado por múltiples exámenes, biopsias, cirugías o quimioterapia— este momento suele generar una nueva y lógica inquietud: “Ahora voy a radioterapia… ¿qué va a ocurrir conmigo?”.
Nuestro proceso de atención consta de tres etapas fundamentales:
- La evaluación en consulta.
- La simulación guiada por imágenes y diseño personalizado de alta precisión.
- El inicio del tratamiento radiante.
1. La consulta médica: El punto de partida
Esta primera cita está completamente orientada a la oncología. Realizamos un interrogatorio minucioso que evalúa:
- Antecedentes familiares y personales.
- Factores de riesgo y otras enfermedades preexistentes.
- Tratamientos previos o actuales y estudios de extensión ya practicados.
Evaluamos el caso por completo para corroborar el diagnóstico de referencia. Esto incluye el tipo de células del tumor, su ubicación, su extensión (local, regional y sistémica) y su evolución tras tratamientos previos. Con esta información se establece la indicación médica y se realiza la prescripción del tratamiento.
En este punto, explicamos detalladamente el procedimiento al paciente y se firma el consentimiento informado.
2. La simulación: Diseñando el mapa del tratamiento
Simular consiste en utilizar técnicas de imagen para ubicar con precisión el tumor o la zona a tratar. El objetivo es concentrar la radiación en el blanco y proteger los tejidos sanos circundantes, conocidos como "órganos a riesgo".
Para lograrlo, empleamos diversas tecnologías según la complejidad del caso:
- Relieves y marcas anatómicas simples.
- Radiología convencional (uso de referencias óseas).
- Tomografía computarizada (TAC), resonancia magnética o PET-CT.
Independientemente de la técnica, el fin de la simulación es garantizar que el paciente permanezca exactamente en la misma posición durante todas sus sesiones, de la forma más cómoda posible.
Para ello usamos dispositivos de inmovilización. Estos accesorios están fabricados con materiales especiales que no interfieren con la radiación. Algunos son sencillos y universales; otros son personalizados, se adaptan al contorno del cuerpo y son intransferibles.
Marcas de guía en la piel
Para asegurar la precisión milimétrica a diario, correlacionamos los láseres de la sala de simulación con los de la sala de tratamiento. Por esta razón, realizamos marcas en la piel del paciente con marcadores, adhesivos o pequeños puntos tatuados.
Una vez adquiridas las imágenes en la posición exacta, el equipo planifica cuidadosamente el tratamiento para que la dosis sea terapéutica contra la enfermedad, pero se mantenga por debajo de los límites de tolerancia de los órganos sanos, minimizando los síntomas inflamatorios.
3. El inicio del tratamiento: Precisión en marcha
Esta fase puede variar según las características del acelerador lineal de cada institución, pero el protocolo estándar consiste en verificar que se cumplan fielmente las condiciones de la simulación.
El proceso es el siguiente:
- Se coloca al paciente utilizando los mismos dispositivos de inmovilización.
- Se alinea el cuerpo con las referencias de la piel.
- Se toman imágenes de control y se comparan con las de la simulación.
- Tras verificar que todo coincide perfectamente, se imparte la dosis de radiación.
El papel del paciente: Tu colaboración es la clave
Para que todo este engranaje tecnológico funcione, la ayuda del paciente es vital. Por ello, siempre hacemos hincapié en estas recomendaciones:
- Cuidado de las marcas: Es fundamental proteger los puntos dibujados en la piel durante todo el tratamiento.
- Inmovilidad: Permanecer lo más quieto posible durante la simulación y las sesiones de tratamiento.
- Monitoreo constante: Durante la sesión el paciente está solo en la sala, pero siempre monitorizado por un sistema de cámaras y micrófonos por el personal técnico.
- Tranquilidad en la sala: La máquina se moverá alrededor del cuerpo pero nunca lo tocará. Además, la radiación no se ve, no se siente y no causa ningún dolor ni malestar inmediato.
- Continuidad: La dosis total se fracciona en pequeñas dosis diarias durante un número determinado de días. No faltar a las citas es crucial para el éxito de la terapia.







