viernes, 24 de mayo de 2024

¿Control ginecológico? ¿Porque yo?


     
 
  Como mujeres es su responsabilidad cuidar de su salud en el área ginecológica, si bien se asocia la visita al ginecólogo con algún flujo vaginal o el embarazo, este es un paradigma que debe cambiar urgentemente, pues implica que una gran mayoría de mujeres no asisten ya que no mantienen relaciones sexuales con regularidad o porque ya paso su edad fértil, y creen que la anatomía ginecológica culminó su función y no merece mayor atención a posterior. Esta conclusión es un gran error, pues entonces vemos en nuestras consultas neoplasias muy avanzadas por falta de asistencia de la paciente a la exploración anual.


    El cáncer ginecológico puede afectar en orden de frecuencia según estadísticas sanitarias internacionales, al útero o endometrio, en segundo lugar al cérvix o cuello uterino, sigue el ovario, por último y menos frecuente la vulva y la vagina. Todas estas estructuras pueden ser adecuadamente evaluadas mediante un examen físico que incluya tacto y ecografía transvaginal, siendo imprescindible la toma de citología de cuello uterino. Por ende, no se necesita ser sexualmente activas o estar embarazadas para asistir a la consulta de forma pertinente.




     A continuación resaltemos brevemente el perfil de cada una de estas neoplasias, pues pueden cursar con síntomas muy diversos. Indicamos siempre que el objetivo de este texto es meramente informativo y no reemplaza la consulta médica individualizada.

     El cáncer de endometrio, se presenta con mayor frecuencia en mujeres de edad avanzada, posterior a la menopausia o perimenopáusicas, con otros cuadros asociados como obesidad,  hipertensión arterial o diabetes mellitus, que muestran sangrado genital abundante, siendo necesario la toma de una biopsia de tejido endometrial para precisar el diagnostico.

     El cáncer de cuello uterino, el primero en frecuencia en nuestro país, con una asociación al Virus de Papiloma Humano (VPH), en los últimos años ha mostrado disminuir su edad de aparición debido al inicio cada vez más temprano de la actividad sexual en adolescentes sin la adecuada orientación familiar o médica, con esto queremos decir que edades entre 40 y 45 años que eran esperadas anteriormente, ahora vemos estadios avanzados en mujeres jóvenes de 22 a 30 años. Es un problema de salud pública que solo podemos manejar con la educación de la población. El tumor localizado en cuello uterino puede mostrar sangrado genital abundante o al momento de las relaciones sexuales, se puede evidenciar en la exploración vaginal y amerita la toma de biopsia para precisar diagnóstico.  

     El cáncer de ovario por ser un órgano pélvico puede pasar desapercibido por largos periodos de tiempo, suele asociarse a mujeres sin embarazos, que manifiestan dolor pélvico o aumento del volumen abdominal sin otra causa aparente, amerita el uso de imágenes ecográficas o tomográficos para evidenciar la tumoración y el abordaje quirúrgico para precisar diagnóstico.

     El cáncer de vulva, que se refiere a la piel del monte de venus, labios mayores, menores, clítoris y vestíbulo vaginal, es poco frecuente y suele presentarse el mujeres de edad avanzada que presentan lesiones que pueden ser ulceradas o no, con mucha comezón que no mejoran con tratamientos médicos comunes. Amerita biopsia de la lesión local para su diagnóstico.


    En latinoamérica el cáncer de cuello uterino se ubica en frecuencia por encima del cáncer de endometrio, situación que se repite en la mayoría de los países en vías de desarrollo y que trae a colación la reciente inclusión de la vacuna contra en VPH en el esquema de vacunación de muchos países, a lo que haremos referencia en una próxima entrada.



lunes, 20 de mayo de 2024

Voy a recibir Radioterapia, ¿qué debo esperar?...

     El Oncólogo Radioterápico es un médico de referencia, forma parte del equipo multidisciplinario que se encarga del manejo del paciente con patología oncológica, por lo tanto se acude a nosotros cada vez con más frecuencia, al demostrarse el beneficio de la radioterapia ya sea su uso radical, neoadyuvante, adyuvante o paliativo. Pero todo esto le trae a ese individuo, al que ya se sometió a muchos exámenes, tomas de biopsia, cirugía, quimioterapia, una nueva inquietud: “ahora voy a radioterapia….¿qué va a ocurrir conmigo?”.

  Nuestro “proceso” de atención al paciente para radioterapia se inicia con la referencia, en nuestra consulta siempre recalcamos que consta de tres procesos fundamentales: La evaluación por consulta, la simulación guiada por imágenes y el inicio del tratamiento radiante.

      La consulta de radioterapia es una consulta orientada a la oncología, evaluando por supuesto los aspectos relacionados con los antecedentes familiares y personales, un buen interrogatorio como siempre nos han enseñado en la medicina es la base de todo; la evaluación de los factores de riesgo, otras enfermedades con las que cursa la persona, tratamientos que recibió o recibe, los estudios de extensión que le han practicado, etc. Se evalúa el caso por completo, con todo lo antes expuesto, se corrobora un diagnóstico con el cual el paciente ya fue referido, esto incluye tipo de células de constituye el tumor, ubicación, extensión local, regional y sistémica, la evolución de su tamaño en respuesta a tratamientos previos; se establece la indicación de recibir radioterapia y se hace una prescripción de tratamiento. En éste punto le damos al paciente la información pertinente en relción al tratamiento al que será sometido y se establece un consentimiento informado al respecto.

      Alcanzamos entonces el segundo paso, el cual es la simulación; simular consiste en utilizar técnicas de imagen para ubicar el tumor, la zona o región a tratar, con el fin de concentrar la radiación en la zona deseada, cuidando los órganos que se encuentran alrededor, los denominados “órganos a riesgo”. Para esto existen diversas técnicas, que van desde las más sencillas, como son los relieves y marcas anatómicas del propio paciente, pasando por imágenes de radiología simple, donde nos valemos de las referencias óseas para la ubicación, hasta técnicas más complejas como lo son la tomografía computarizada, la resonancia magnética, la tomografía por emisión de positrones, entre otras. Independientemente de la técnica a utilizar el proceso de simulación, en mayor o menos complejidad, tendrá como fin en común el garantizar que el paciente permanezca en la misma posición durante todas las sesiones que componen el tratamiento, tan cómodo como sea posible, para que se garantice que el haz de radiación va a donde queremos que llegue. Para ello utilizamos diversos artefactos a los que denominamos dispositivos de inmovilización, los cuales son construidos con materiales especiales que dispersan y atenúan la radiación lo menos posible, que tienen diversos rangos de movilidad para adaptarse a las diferencias propias de cada paciente, que por supuesto, son diseñados pensando en el área específica que se desea tratar, y que permiten mediante diferentes sistemas de señalización posicionar a diario a la persona de la misma manera; algunos son muy sencillos y pueden ser utilizados en todos los pacientes, otros, diseñados para inmovilizaciones más rigurosas por la complejidad de la zona a tratar, son más “personalizados”, adaptándose al contorno del paciente, por lo tanto siendo intransferibles. Y por eso se llama “simulación”, se busca emular las condiciones en las que el paciente recibirá a diario la sesión de radioterapia, para de esta manera planificar el tratamiento entregando la dosis deseada a la enfermedad y evitando irradiación no deseada de tejidos sanos. Pero no sólo con esto estamos conformes, también tenemos puntos de referencia que colocamos en la superficie del paciente, y que son una proyección de un punto interno del mísmo, que se hace coincidir con un sistema de láser guía que se tiene en la sala de simulación, y que se correlaciona con uno similar ubicado en la sala de tratamiento, por ello al paciente se le realizan “marcas” en piel, con marcadores, adhesivos o incluso pequeños puntos tatuados, que permiten al técnico en radioterapia colocarlo siempre en la misma posición.

      Ya con las imágenes adquiridas en la posición de tratamiento, se planifica el mismo, cuidadosamente para que la distribución de la dosis sea tal que permita considerarse “terapéutica” para la enfermedad, pero por debajo de los límites de tolerancia en los órganos sanos. Superada esta etapa vamos al tercer punto del proceso que es el inicio del tratamiento como tal, éste proceso puede variar en relación a las características propias de cada unidad de tratamiento (acelerador lineal), pero en común consiste en corroborar que las condiciones en las que se realizó la simulación, y con las cuales se planificó el tratamiento radiante sean cumplidas. Se verifica la posición del paciente, se utilizan los mismos dispositivos de inmovilización, se ubica en las referencias de piel colocadas, y se procede a adquirir imágenes que son relacionadas o verificadas con las obtenidas en la simulación, garantizando así que todo está según lo planificado; ya cumplido con esto se imparte la dosis de radiación. Es importante la colaboración del paciente en todo el proceso, para ello se le hace hincapié en cuidar esas marcas realizadas en la piel, se le explica la importancia de permanecer inmóvil durante la simulación y durante el tratamiento en sí, se le indica que mientras recibe el tratamiento permanecerá sólo en una sala, donde será monitorizado mediante un sistema de cámaras, que verá que la máquina de tratamiento se mueve a su alrededor pero que en ningún momento entrará en contacto con él, que la radiación no se ve, ni se siente, que no le provocará ningún dolor o malestar durante ese tiempo que permanezca allí; que la dosis de radiación se fracciona, por lo tanto se da de a poco, por un determinado número de días, y que es importante la continuidad del tratamiento en el éxito del mismo. 

      Todo este sistema tan aparentemente complicado tiene por finalidad que se obtenga el mayor beneficio del tratamiento aplicado, con los menores efectos secundarios posibles; el paciente debe atender a todas las recomendaciones dadas por su médico antes, durante y después de la radioterapia, para que el beneficio obtenido sea el deseado.


sábado, 18 de mayo de 2024

¿Qué es la pesquisa oncológica y por qué la necesito?



      En el campo de la oncología donde el período entre el diagnóstico y el tratamiento es invaluable por su impacto en el tiempo de sobrevida del paciente, como especialistas insistimos en la asistencia a consulta ante síntomas sospechosos recurrentes o en aquellas entidades donde se ha demostrado éxito mediante el despistaje o pesquisa, estos términos están relacionados con hallazgos de lesiones malignas o pre-malignas en poblaciones aparentemente sanas, resultando en tratamientos precoces con altas tasas de curación o sobrevida global/libre de enfermedad.

      Por ende, la consulta de despistaje pasa a ser una información de alta importancia a ser difundida para el paciente y entre los mismos a sus familiares, amigos, etc. Los entes gubernamentales deben ser responsables en el uso de campañas a nivel de todos los estratos sociales para un mayor alcance que se traduzca en disminución de las tasas de morbi-mortalidad en la esfera oncológica.

      Actualmente la consulta de despistaje beneficia en el diagnóstico de neoplasias agresivas como lo es el cáncer de mama, constituyendo el uso de la mamografía anual; la citología de cuello uterino con su respectiva tipificación para Virus de Papiloma Humano (VPH) anual en relación al cáncer de esta misma localización; tacto rectal y PSA (Antígeno prostático específico) para Cáncer de próstata; uso de la colonoscopia y exámenes en heces para cáncer de colon y recto, siendo estos algunos de los procedimientos más estandarizados. Sin embargo, la historia clínica individual y familiar así como estilos de vida de cada paciente puede orientar a su médico a otros procedimientos de despistaje como por ejemplo, el uso de la tomografía helicoidal o espiral de baja dosis en tórax de pacientes fumadores activos o pasivos; revisión de lesiones de piel sospechosas en pacientes con historia de exposición prolongada al sol; seguimiento en pacientes con diagnósticos de lesiones pre-malignas como Esófago de Barret, Poliposis familiar colónica,  Neoplasias Intraepiteliales como de Cuello uterino, Vagina, Nevus displásicos a nivel de piel, entre otros.

       Es de suma importancia entonces educar a la población para que adquieran una mayor responsabilidad en relación a su salud, acudir al especialista más adecuado ante síntomas recurrentes de cualquier índole o asistir a los despistajes estandarizados por entes internacionales, con la toma de biopsia oportuna por parte del galeno nos proporciona diagnósticos a tiempo para ofrecer las mejores herramientas terapéuticas.