martes, 18 de agosto de 2026

Con tantas cosas que escuchamos sobre el cáncer, entonces, ¿a dónde acudir?


      
Hoy en día, escuchar que un amigo, conocido o familiar ha sido diagnosticado con cáncer se ha vuelto una constante. El repunte en la incidencia de esta enfermedad en todos los sexos y edades ha sido vertiginoso en los últimos años. Por ello, las campañas de prevención aún necesitan abarcar a más sectores de la población para lograr diagnósticos precoces y, lo que es más importante, certeros. La televisión y el periódico ya no son los únicos medios para llegar a las personas; ahora tenemos al alcance un mar de redes de comunicación que no deben enfocarse únicamente en el entretenimiento y el ocio. Que sea este, entonces, un espacio de orientación adecuada para ti y tu familia. Después de todo, si no lo hacemos por ellos, ¿por quién más? ¡Bienvenido!
Las enfermedades tumorales han existido desde el comienzo de los registros médicos egipcios, tanto en humanos como en animales. El médico griego Hipócrates, considerado el padre de la medicina, usó los términos carcinos y carcinoma para describir tumores no ulcerados y ulcerados. En la antigua Grecia, estas palabras se asociaban con los cangrejos debido a la similitud entre la forma de diseminación de la enfermedad y las patas del crustáceo. Posteriormente, se instituyó la palabra cáncer y el término onco para describir los tumores.
El cáncer se presenta cuando las células de alguna parte del cuerpo pierden su patrón de crecimiento normal y adquieren la capacidad de viajar a otros órganos a través del torrente sanguíneo o linfático. Debido a esto, existen muchos tipos de cáncer, cada uno con una evolución clínica y un pronóstico diferentes. La enfermedad se clasifica en estadios iniciales (I-II) o avanzados (III-IV) según su nivel de diseminación al momento del diagnóstico. Esta clasificación se determina mediante los exámenes de extensión solicitados en la consulta médica, lo que permite diseñar la estrategia terapéutica más adecuada para el paciente.
La oncología es la especialidad médica dedicada al estudio, diagnóstico, tratamiento, seguimiento y prevención de las enfermedades tumorales malignas, así como a los cuidados paliativos del paciente en estadios terminales. Está representada principalmente por tres ramas:
  • Oncología Quirúrgica: El cirujano oncólogo es un profesional calificado en cirugía general con estudios avanzados en protocolos oncológicos para el diagnóstico (biopsias), estadiaje y tratamiento mediante la remoción quirúrgica del tumor y de sus zonas de diseminación linfática, donde podrían existir siembras microscópicas de la enfermedad. Estos protocolos son indispensables para un adecuado manejo adyuvante con quimioterapia o radioterapia, si fuera necesario. En nuestro medio, la escasez de especialistas calificados y la falta de una orientación adecuada suelen llevar a que el paciente sea operado por profesionales que, aunque tienen la mejor intención de ayudar, desconocen dichos protocolos. Esto provoca disecciones incompletas que complican innecesariamente el caso clínico para su manejo posterior y elevan los costos a largo plazo.
  • Oncología Médica: El médico oncólogo es un profesional especializado en medicina interna con preparación experta en el uso de fármacos antineoplásicos (quimioterapia, inmunoterapia, hormonoterapia), sus diferentes vías de administración, su dinámica y sus efectos tóxicos. Su objetivo es el manejo de la enfermedad en monoterapia o en conjunto con otras herramientas como la cirugía o la radioterapia.
  • Oncología Radioterápica: El Radio oncólogo es el profesional médico enfocado en el conocimiento de las causas, diseminación, prevención y tratamiento del cáncer mediante el uso terapéutico de radiaciones ionizantes, ya sea de forma exclusiva o combinada con cirugía, fármacos, oxígeno o calor. Asimismo, esta rama está vinculada a la investigación de los fundamentos de la biología del cáncer y la interacción biológica de la radiación con los tejidos normales y malignos.
Cualquier herramienta diagnóstica —ya sea un examen físico, un estudio de imagen (ultrasonido, tomografía, resonancia magnética) o un reporte de citología/biopsia— con un resultado sospechoso o positivo para malignidad debe ser evaluada siempre por un especialista en oncología en cualquiera de sus ramas. Una derivación tardía o un manejo inadecuado restan un tiempo invaluable para lograr el control locorregional y elevan el riesgo de diseminación a otros órganos.





jueves, 30 de julio de 2026

Despistaje para cáncer de próstata


   El cáncer de próstata es la segunda neoplasia más común en los hombres. Su detección temprana mejora drásticamente el pronóstico y la supervivencia del paciente. Sin embargo, los tabúes sobre la sexualidad y los prejuicios culturales suelen retrasar la consulta médica debido al temor infundado hacia el tacto rectal.
Las directrices de la Asociación Americana de Urología (AUA) han evolucionado hacia un modelo de toma de decisiones compartida. El tamizaje ya no es uniforme, sino que se personaliza según la edad, la etnicidad y la carga genética del paciente:
  • Factores de riesgo: Los antecedentes familiares directos y la ascendencia afroamericana elevan considerablemente el riesgo de desarrollar la enfermedad.
  • Menores de 40 años: No se recomienda realizar el tamizaje de rutina debido a la baja prevalencia estadística.
  • Entre 40 y 54 años: Se ofrece tamizaje individualizado (comenzando a los 40 o 45 años) exclusivamente para hombres con factores de riesgo.
  • Entre 55 y 69 años: Este grupo etario registra el mayor beneficio neto en la detección temprana mediante la prueba de Antígeno Prostático Específico (PSA).
  • Mayores de 70 años: No se aconseja el tamizaje de rutina, a menos que el paciente cuente con una expectativa de vida superior a los 10 o 15 años.
Durante la evaluación inicial, el urólogo define la periodicidad del seguimiento (generalmente cada 2 a 4 años) y las herramientas complementarias necesarias, como el PSA libre, biomarcadores secundarios o resonancia magnética. Es crucial diferenciar al paciente asintomático del paciente con síntomas urinarios (nicturia, disminución del chorro, pujo, goteo o hematuria). La presencia de estos síntomas requiere una evaluación urológica diagnóstica inmediata, desplazando el protocolo de tamizaje preventivo por un abordaje terapéutico directo

                                                     

jueves, 23 de julio de 2026

TuRadioncólogo: El examen anual que salva vidas: lo que necesitas saber hoy sobre el cáncer ginecológico.


     
Cuidar de nuestra salud ginecológica es un acto de amor propio y una responsabilidad con nosotras mismas. Desafortunadamente, todavía existe la idea de que solo debemos ir al ginecólogo si estamos embarazadas o si notamos algún flujo extraño. Este es un mito que necesitamos cambiar con urgencia. Pensar así hace que muchas mujeres dejen de ir a consulta solo porque no tienen una vida sexual activa o porque ya pasaron la menopausia, creyendo erróneamente que su cuerpo ya "cumplióm su función" y no necesita más atención. Este descuido es un peligroso error: la falta de una revisión anual es la principal razón por la que hoy descubrimos tumores en etapas muy avanzadas que pudieron detectarse a tiempo.
Según las estadísticas internacionales, el cáncer ginecológico suele afectar en orden de frecuencia al útero o endometrio, al cuello uterino (cérvix), a los ovarios y, en casos menos comunes, a la vulva y la vagina. La buena noticia es que todas estas zonas se pueden evaluar de forma segura y sin dolor en una consulta de rutina mediante un examen físico, una ecografía transvaginal y la indispensable citología (Papanicolau). Por eso, recuerda: no necesitas estar embarazada ni tener una vida sexual activa para priorizar tu salud.




Para ayudarte a conocer mejor tu cuerpo, te compartimos de forma muy sencilla el perfil de estas enfermedades, ya que cada una avisa de manera diferente. Ten en cuenta que esta información es una guía para informarte y jamás reemplazará el valor de una consulta médica a tu medida.
Tipo de Cáncer¿A quiénes afecta más?Señales de alerta¿Cómo se detecta?
EndometrioMujeres en la menopausia o cerca de ella, especialmente si viven con obesidad, presión alta o diabetes.Sangrados vaginales muy abundantes o inusuales.Con una biopsia del tejido del endometrio.
Cuello Uterino (Cérvix)Es el más común en nuestra región. Está muy ligado al Virus del Papiloma Humano (VPH). Lamentablemente, cada vez lo vemos más en jóvenes de 22 a 30 años por falta de orientación.Sangrado abundante o sangrado justo después de tener relaciones sexuales.Se observa en la revisión médica y se confirma con una biopsia.
OvarioSuele ser más frecuente en mujeres que no han tenido embarazos.Dolor en la pelvis o una inflamación en el abdomen que no se quita. Puede avanzar en silencio.Con ecografías, tomografías y una revisión quirúrgica.
VulvaEs poco común y suele aparecer en mujeres mayores, afectando la piel de la zona íntima exterior.Lesiones o heridas que causan una comezón intensa y no mejoran con ninguna crema común.Con una pequeña biopsia de la lesión.



La radioterapia y la braquiterapia son pilares fundamentales y altamente efectivos para lograr la curación de los tumores ginecológicos. Su objetivo principal es destruir las células tumorales y evitar que la enfermedad regrese, actuando directamente en la pelvis. Allí, donde la cirugía u otros tratamientos necesitan un refuerzo indispensable, estos tratamientos intervienen reduciendo drásticamente las recaídas. Hoy en día, gracias al avance de la tecnología, el médico especialista en Radiooncología logra que estos procedimientos sean sumamente precisos, rápidos y diseñados con un único propósito: cuidar la calidad de vida de la mujer durante y después de todo su proceso.


lunes, 20 de julio de 2026

Voy a recibir Radioterapia, ¿qué debo esperar?...

     ¿Qué pasa cuando te remiten a Radioterapia? Conoce el proceso paso a paso
El Radio-Oncólogo es un médico de referencia clave en el equipo multidisciplinario que maneja al paciente con cáncer. Cada vez se acude más a nosotros gracias a los demostrados beneficios de la radioterapia, ya sea en su uso radical, neoadyuvante, adyuvante o paliativo, así como en enfermedades benignas.
Sin embargo, para el paciente —que ya ha pasado por múltiples exámenes, biopsias, cirugías o quimioterapia— este momento suele generar una nueva y lógica inquietud: “Ahora voy a radioterapia… ¿qué va a ocurrir conmigo?”.
Nuestro proceso de atención consta de tres etapas fundamentales:
  1. La evaluación en consulta.
  2. La simulación guiada por imágenes y diseño personalizado de alta precisión.
  3. El inicio del tratamiento radiante.

1. La consulta médica: El punto de partida
Esta primera cita está completamente orientada a la oncología. Realizamos un interrogatorio minucioso que evalúa:
  • Antecedentes familiares y personales.
  • Factores de riesgo y otras enfermedades preexistentes.
  • Tratamientos previos o actuales y estudios de extensión ya practicados.
Evaluamos el caso por completo para corroborar el diagnóstico de referencia. Esto incluye el tipo de células del tumor, su ubicación, su extensión (local, regional y sistémica) y su evolución tras tratamientos previos. Con esta información se establece la indicación médica y se realiza la prescripción del tratamiento.
En este punto, explicamos detalladamente el procedimiento al paciente y se firma el consentimiento informado.

2. La simulación: Diseñando el mapa del tratamiento
Simular consiste en utilizar técnicas de imagen para ubicar con precisión el tumor o la zona a tratar. El objetivo es concentrar la radiación en el blanco y proteger los tejidos sanos circundantes, conocidos como "órganos a riesgo".
Para lograrlo, empleamos diversas tecnologías según la complejidad del caso:
  • Relieves y marcas anatómicas simples.
  • Radiología convencional (uso de referencias óseas).
  • Tomografía computarizada (TAC), resonancia magnética o PET-CT.
Los dispositivos de inmovilización
Independientemente de la técnica, el fin de la simulación es garantizar que el paciente permanezca exactamente en la misma posición durante todas sus sesiones, de la forma más cómoda posible.
Para ello usamos dispositivos de inmovilización. Estos accesorios están fabricados con materiales especiales que no interfieren con la radiación. Algunos son sencillos y universales; otros son personalizados, se adaptan al contorno del cuerpo y son intransferibles.
Marcas de guía en la piel
Para asegurar la precisión milimétrica a diario, correlacionamos los láseres de la sala de simulación con los de la sala de tratamiento. Por esta razón, realizamos marcas en la piel del paciente con marcadores, adhesivos o pequeños puntos tatuados.
Una vez adquiridas las imágenes en la posición exacta, el equipo planifica cuidadosamente el tratamiento para que la dosis sea terapéutica contra la enfermedad, pero se mantenga por debajo de los límites de tolerancia de los órganos sanos, minimizando los síntomas inflamatorios.

3. El inicio del tratamiento: Precisión en marcha
Esta fase puede variar según las características del acelerador lineal de cada institución, pero el protocolo estándar consiste en verificar que se cumplan fielmente las condiciones de la simulación.
El proceso es el siguiente:
  1. Se coloca al paciente utilizando los mismos dispositivos de inmovilización.
  2. Se alinea el cuerpo con las referencias de la piel.
  3. Se toman imágenes de control y se comparan con las de la simulación.
  4. Tras verificar que todo coincide perfectamente, se imparte la dosis de radiación.

El papel del paciente: Tu colaboración es la clave
Para que todo este engranaje tecnológico funcione, la ayuda del paciente es vital. Por ello, siempre hacemos hincapié en estas recomendaciones:
  • Cuidado de las marcas: Es fundamental proteger los puntos dibujados en la piel durante todo el tratamiento.
  • Inmovilidad: Permanecer lo más quieto posible durante la simulación y las sesiones de tratamiento.
  • Monitoreo constante: Durante la sesión el paciente está solo en la sala, pero siempre monitorizado por un sistema de cámaras y micrófonos por el personal técnico.
  • Tranquilidad en la sala: La máquina se moverá alrededor del cuerpo pero nunca lo tocará. Además, la radiación no se ve, no se siente y no causa ningún dolor ni malestar inmediato.
  • Continuidad: La dosis total se fracciona en pequeñas dosis diarias durante un número determinado de días. No faltar a las citas es crucial para el éxito de la terapia.